domingo, 7 de enero de 2018

La manía de no querer entender la diversidad: la lengua

Que una lengua sea escrita o esté muy extendida no la hace mejor ni peor que otras,  pues todas tienen un desarrollo similar. Lo primero es consecuencia de los privilegios que se le dieron por motivos no lingüísticos, que son fundamentalmente políticos, económicos o militares 


Es costumbre larga y tristemente arraigada en el el ser humano el difamar y ridiculizar a los extraños, los no conocidos; despreciando lo que ignora y tratando de imponer lo propio a los demás, en vez de aprender de y entenderse con los otr@s.
Ya de niños nos enfrentamos a la contradicción que se nos muestra en conocidos relatos bíblicos, que trascienden lo religioso, como son el de la Torre de Babel y el de Pentecostés. En el primero como ejemplo de la confusión que se genera al no tener una lengua común y en el segundo, más lógico y natural, el abrirse al mundo conociendo y aceptando su diversidad.
Todavía muchas personas sostienen que un idioma, el que fuese, haría todo más fácil para tod@s, porque a fin de cuentas estos sirven para comunicarnos y transmitir información. Sin tener en cuenta que la información no es algo que esté por ahí en paquetes y la comunicamos sin más, no entendiendo que nosotros, como cualquier ser vivo, crea información del mundo que le rodea y que las lenguas son instrumentos para crearla, cada uno a su manera, pero no de forma igual. 
En conclusión, no puede mantenerse que las lenguas están hechas para para transmitir pasivamente información, sino más bien para contribuir a la creación de información, dado que, al no ser un objeto, la información no se puede transmitir, sino solo provocar. 1
Por ese motivo son herramientas tan útiles y debemos preservar el legado recibido, ya que no hacerlo nos condena a una mayor pobreza cultural y cognitiva.
Además, el no entender que la uniformidad no solo va contra natura sino que constituye uno de los mayores errores que puede cometer un ser vivo, porque lo dejan con muy poca capacidad de respuesta ante el medio cambiante, muestra, una vez más, como los condicionantes políticos y la eterna manía de imponer al prójimo nuestra forma de ser y pensamiento siguen muy vigentes.

Referencias-Notas:
1. Juan Carlos Moreno Cabrera. De Babel a Pentecostés.  Manifiesto plurilingüista. Horsori. 2006. p.15. 

lunes, 1 de enero de 2018

Algunas reflexiones sobre el año 2017. Parte II.



Este año que ya ha finalizado también marca la derrota del ataque despiadado, injusto y vil al que ha sido sometida Siria desde el 2011 por parte de las hordas de mercenarios terroristas entrenadas, armadas y financiadas para hacer el mal por los servicios de inteligencia occidentales y sus socios locales: Arabia Saudí, Catar, Israel, Turquía o Jordania durante años. Como durante muchos años, nos remontamos a la decada de 1950 del pasado siglo, llevaban los dirigentes políticos y económicos de Estados Unidos o Gran Bretaña intentando someter mediante la fuerza y el engaño a esta nación tan indómita y libre.
Pese a todo, muchos imberbes, desalmados y oportunistas tergiversarán, mentirán u ocultarán la terrible realidad que han sufrido los sirios y sirias: Una agresión mercenaria exterior y no una rebelión popular ni pacífica.
Con este buen fin de un mal comienzo, muy poco comprendido en nuestras sociedades debido a la persistente acción desinformadora e intoxicadora de los medios de comunicación, vemos que la llamada izquierda política aquí presente no cumple con su función teórica de poner en práctica, no de parlotear sobre el asunto sin llegar a ninguna parte, un mundo más justo y equilibrado no solo en su país, sino en cualquier otro. Así, en su desconocimiento interesado, apoda como fascismo todo lo que choca con sus intereses, sin querer ver qué es realmente el fascismo y por qué surgio; desde luego ante gente mucho más honesta y seria que la que tenemos ahora. Por supuesto, no caía bien en estos actores de la política ciertos justificados reproches a su penosa conducta y criterio
Y lo que es más doloroso para la izquierda y puede que por ese motivo esté levantando fantasmas haya donde no los hay, esta, la izquierda occidental, no supone ningún rival ni ninguna amenaza para la oligarquía industrial y financiera. Carecen de coherencia. Su discurso está vacío y terriblemente falto de hechos. No son ejemplo de nada, porque nada realmente aportan. No mejoran la situación de pobreza, no ayudan a salir de su precariedad a los marginados. No muestran con hechos que se puede colectivizar los recursos del país. No se atreven a hacerlo. Hablan todo el día pero no hacen nada. Por eso no tienen credibilidad y por eso, como hacen organizaciones de postureo y ruido como Podemos, recurren a eso mismo, a los fuegos de artificio cuando no hay chispa verdadera alguna.Eso sí, como perro del hortelano que no come ni deja comer, muchos pondrán todas las trabas que puedan allí donde la izquierda sí hace algo real y material por la gente, como ocurre en Venezuela.
Tampoco  nos pillaría por sorpresa la actitud de la izquierda española ante la cruel y disparatada represión  de las fuerzas de seguridad españolas sobre la población catalana que quería ejercer su derecho a decidir su futuro político y formar una República para su país. Ya lo advertía entonces: Verán, lo pueden ver ya, como buena parte de la izquierda española sale a hacer el trabajo sucio de defensa de su inconfesado pero profundo e innegable nacionalismo español. No son capaces de hacer nada por su país y piden que otros se queden en esa penuria.
Es fácil denunciar conflictos lejanos donde sabes que lo que haces no va a suponer ningún contratiempo para ti y que no va a cambiar nada. Es más complicado cuando esto puede tener repercusiones y especialmente si ocurre aquí. Es aleccionador ver el comportamiento de esa izquierda, la oficial y la "alternativa", ante la persecución política en Cataluña y como se comportan con el gobierno que seguramente más se preocupa por el bienestar social en el mundo, el de Nicolás Maduro.
Si son algo integros y coherentes comprenderán por qué está el ejecutivo que está en España, basta ver lo que hay a su siniestra.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Algunas reflexiones sobre el año 2017. Parte I

Nicolás Maduro ha mostrado su talla política a nivel nacional e internacional 

Llega el final de este año, uno más en nuestras vidas, que no es poco.
¿Hemos aprendido algo valioso de él o seguimos en las mismas de no querer entender este mundo en el que vivimos?
Dos mil diecisiete supuso el fin de la era Obama, un fraude en todos los sentidos, y la llegada de un presidente aparentemente atípico, pero que como sus predecesores sigue la agenda corporativa cometiendo los conocidos desmanes y disparates a los que estamos ya habituados de las administraciones estadounidenses.
También pudo habernos enseñado que no puedes creer a personas que supuestamente defienden a los refugiados que llegan de de los conflictos generados por occidente en el norte de África o en Oriente Medio, cuando esos mismos han justificado esas agresiones externas contra estados realmente democráticos, como era Libia o es Siria,  que son las que han provocado esa tragedia. Del mismo modo, que estos "progresistas" se fijasen en unos refugiados y no en otros, es el caso de los que se originaron por la llegada del fascismo a Ucrania, especialmente en Donbass, con la mayor limpieza étnica y ola de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial contra las personas de cultura rusa promovida por la junta neonazi de Kiev, delata una segunda intención, utilizar a todas estas personas como arma política y justificante contra precisamente los gobiernos de sus países,  los de los inmigrantes, acusándolos falsamente de ser los generadores de tal problema. Además, y para colmo, se utiliza a esas personas desesperadas como mano de obra barata para destruir las condiciones laborales en Europa. Ese análisis necesario sobre si debe haber fronteras abiertas o no a los refugiados lo tienen aquí.
Libia fue destruida, ahora organizaciones "humanitarias" se quejan de que no solo el país está destrozado y en la miseria, sino que la esclavitud es ya moneda corriente, cuando ellas mismas participaron activamente en esa destrucción: Amnistía Internacional en Libia
Occidente vive en su arrogante burbuja de sordera y ceguera, y no sale de ella.
A resultas de esto, ¿nos interesa realmente lo que ocurre en otras partes del mundo que no sea el nuestro? ¿Nos interesa, por ejemplo, lo que realmente sucede en Siria?
En este egoísmo y ofuscación  somos presa fácil del engaño y de la manipulación de las emociones para promover conflictos bélicos por parte de dirigentes desaprensivos que harán negocio con el severo sufrimiento ajeno. En la creación de esa ignorancia, cerrazón y miedo en la sociedad intervienen de forma fundamental los medios de comunicación. No olvidemos, lo hacen de forma intencionada, pues son los portavoces del entramado de las corporaciones financieras e industriales. Siempre fue mejor para la explotación económica  tener gente embrutecida y atemorizada que crítica y solidaria. Hoy en día no podía ser diferente. Y tengamos presente, los que se autotitulan como progresistas  no son mejores, son otra estrategia para el mismo objetivo.
Hasta qué punto diarios, televisiones y radios condicionan y confunden al público lo podemos ver en numerosos ejemplos.  Uno ya casi olvidado y que sigue arrastrando desinformación en abundancia es la guerra en Yugoslavia, de hace ya más de dos décadas. Lo recordaba para los atónitos en una entrevista. Mal en nuestra comprensión del pasado más o menos reciente, aunque no es mejor ahora. ¿Están los que le rodean dispuestos a escuchar lo que tiene lugar en Venezuela o a seguir con los chascarrillos y mentiras facilonas? ¿Vemos su titánica y acertada lucha por la democracia?
¿Queremos verlo o seguimos encerrados y atrapados por las falsedades que nos bloquean y no nos dejan avanzar?

domingo, 24 de diciembre de 2017

Navidad sin religión

El Sol, tan intimamente e inseparablemente unido a lo religioso 

La Navidad es un acontecimiento social en el que se reúnen las familias, las que se reúnen, para vivir momentos especiales en comunidad. Estos momentos tienen que ver con muchos aspectos, entre ellos el religioso, inevitablemente ligado a estas fechas. Para los cristianos es el recordatorio del nacimiento de Cristo. Pero en un sentido más profundo todavía, la Navidad nos recuerda el nacimiento de un  Dios real, nuesta estrella, el Sol, al que le debemos nuestra vida cada día. Diciembre es el mes en el que las horas de luz menguan, hasta casi parecer perecer en los atardeceres. Pero pasaso el solsticio y llegado el 25 de diciembre se produce el fenómeno inverso, el renacimiento de la luz, la Navidad. De aquí viene todo lo demás y que los hombres rememoran a través de los milenios de su existencia.
¿Podemos vivir esta época sin religión? Sí,  hoy en día en buena medida así se hace, no se recuerda a Cristo y menos aún al propio origen de ese Dios cristiano y de otros tantos dioses de diferentes religiones, el mencionado Sol.
Y si se puede hacer, ¿es de esta forma mejor? ¿Es el mundo mejor sin religión? 
Sinceramente les digo que no. Lo vemos en nuestra sociedad de hoy, que puede que no sea peor que otras pasadas, pero desde luego no es mejor.
Para aquellos que planteen que al no haber creencias religiosas se eliminaría el pensamiento irracional, la fe ciega, el creer sin pruebas o la intolerancia, que son características  del lado oscuro de esa fe, les recordaría, si quieren atender a ello, que son esas propiedades de la naturaleza humana, independientemente de que usted crea o no en lo sobrenatural. Y si no aciertan a comprender esto que les digo no tienen más que comprobar como librepensadores, científicos y personas que se autocreen como ilustradas y racionales, se comen con patatas la propaganda de guerra de los conflictos humanos que se provocan a lo largo y ancho del planeta. Les pongo unos pocos ejemplos, analicen lo que creen tod@s est@s señores y señoras en sucesos que ocurrieron hace años y que la investigación histórica ya esclareció para quien quisiera atender a los hechos y no a las machaconas campañas mediáticas ad hoc. Estos son: El mito de Holodomorla Masacre de Srebrenica o lo que pasó más recientemente en Libia o en Siria
Hay quien quiere ver todos los males en otros, pero no se molesta en escuchar a esos otros y lo que es tanto peor, como el más ciego entre de los ciegos se niega a ver su propia ceguera. 
Feliz Navidad.

jueves, 7 de diciembre de 2017

La conquista de Cuba por los Estados Unidos: un engaño de los medios de comunicación

Deshumanizar al rival y acusarlo de atrocidades son constantes en la propaganda de guerra

Los nacientes Estados Unidos ya competían con las potencias europeas y de ellas iban a heredar su ambición guerrera y expansionista, así como los medios de persuasión y propaganda utilizados para justificar tales campañas bélicas, los llamados medios de comunicación.
España ya era un imperio en declive, pero todavía poseía territorios largamente deseados por EE.UU.: Filipinas era uno de ellos, pero en especial lo era Cuba. Esta isla como  antesala a la costa este estadounidense, y tanto para el control del Caribe como por la propia riqueza de ella, suponía un sueño anhelado por el mundo empresarial norteamericano. En la isla pronto se asentaron ciudadanos estadounidenses que comenzaron a comprar terrenos para crear grandes plantaciones.
Es a finales  del siglo XIX cuando el malestar por la ocupación española termina en una insurrección. Esto es visto con buenos ojos por el gobierno de EE.UU., no porque deseasen que Cuba realmente lograse su libertad, sino porque veían la oportunidad para ocupar el lugar de España. Hasta entonces no lo habían intentado ellos directamente por la vía militar porque tenían miedo de la respuesta europea, especialmente de los británicos. Son cautelosos, y entre el apoyo disimulado a la revuelta y el recelo que tenían sobre los revolucionarios, que eran principalmente antiguos esclavos negros, dejan que se vayan desarrollando los acontecimientos. No obstante, la campaña para intervenir ya se había activado en el país, en ella se aludía a una lucha por la libertad y contra la tiranía española. Cuando la situación se vuelve peligrosa para el empresariado, debido a que la revolución puede convertirse en algo similar a lo que pasó en Haití, donde los esclavos negros consiguieron la independencia de los franceses y el control del poder, la Administración estadounidense se pone en marcha para el ataque. Y como en toda guerra se necesitan pretextos, EE.UU. entonces decide enviar,  en enero de 1898, un buque militar, el Maine, al puerto de La Habana, con la excusa de que van allí para proteger a los ciudadanos estadounidenses de la isla. En el mes de febrero el buque es hundido y estalla la ira en el país norteamericano, acusando a los españoles de “sucia traición”. En realidad nada probó entonces, ni tampoco después, que los españoles tuviesen algo que ver con tal acto. “Por casualidad” el cargamento de armas y explosivos estaba junto al depósito de carbón y estalló por una explosión interna. No hace  falta decir a quién favorecía tal explosión. Enseguida los periódicos comenzaron una intensa campaña de acusación hacia España, clamando por la intervención militar. Destacaron entre estos “periodistas”: William Randolph Hearts y Joseph Pulitzer, que utilizaron el sensacionalismo en vez de realizar una información objetiva. Era la propaganda de guerra, tal y como es hoy en día también. Hablaban de violaciones, abusos y asesinatos, mostrando la monstruosidad y barbarie de los españoles. Esto lo acompañaban con imágenes, dibujos o fotos que provocaran una exaltación de la irracionalidad y el odio hacia lo español. El propio Hearts contrató a un fotógrafo que envió a Cuba, y al comentarle este que no había guerra que fotografiar, Hearts le respondió:
Tú preocúpate de las fotos que yo me preocuparé de la guerra (American Foreign Affairs, 1895-1920).
Si no hay guerra se inventa y si no hay conflicto se provoca. Todo esto mostraba la nula voluntad de  informar del periodista, y en realidad de buscar deliberadamente la manipulación de la información. Esto recuerda al caso de Libia en el año 2011, donde se aclamó tanto por los grandes medios de comunicación audiovisuales, por ejemplo la BBC o la propia televisión española, TVE, así como por la prensa escrita: El País, ABC o La Vanguardia, etc., y por organizaciones humanitarias, como Human Rights Watch, que Gadafi había bombardeado a civiles en Trípoli causando centenares o miles de muertos (Itulain, 30.8.2012). Los vecinos  que vivían allí, así como algún periodista que se desplazó al lugar de los supuestos hechos para comprobar si aquello era cierto, negaron que hubiesen sucedido tales bombardeos o ataques a la población. Las observaciones por satélite también lo desmintieron (RT, 2011). Los telediarios, los periódicos y otros medios, a pesar de ir contra todas las evidencias, siguieron a lo suyo, encargándose de promocionar e instigar la guerra. “Tú preocúpate de las fotos que yo ya me preocuparé de que haya guerra”, ese fue su lema, hasta que al final obtuvieron lo que deseaban, la guerra y la brutalidad que la acompaña.
No es extraño tampoco que a otro “periodista” del estilo de Pulitzer y sus colegas, Roy Gutman, le diesen precisamente el premio Pulitzer, el que lleva el nombre del periodista sensacionalista, por una descarada manipulación fotográfica durante la guerra contra Yugoslavia a final del siglo XX; en la que se trataba de mostrar la existencia de  un campo de concentración creado por los serbios, aunque en realidad no había tal campo. Se trataba de hecho de  una zona de refugiados, libres en sus movimientos, que el periodista trató de mostrar, manipulando y falsificando la realidad, como un centro al estilo de los que llevaron a cabo los nazis en otros tiempos; para ello se situó detrás de la alambrada  de un campo agrícola adyacente y  fotografió a algunas de los hombres presentes allí, tomando como centro de la imagen a una persona enferma, posiblemente con tuberculosis (Deichmann, 1998). Se premiaba con el Pulitzer la deshonestidad periodística. Tal vez sea ese el motivo real del premio, haciendo honor a su nombre.
Todos estos supuestos periodistas lo que hacían y hacen en realidad era servir a los intereses del mundo de los más poderosos, que deseaban que la guerra se diese porque resultaría muy provechosa para sus intereses económicos. Años después de la guerra en Cuba, el que fue presidente de la Oficina de Comercio Exterior del Departamento de Comercio estadounidense reconocería que:
La guerra entre Estados Unidos y España no fue sino un incidente de un movimiento general de expansión, que tenía sus raíces en el nuevo entorno de una capacidad industrial mucho mayor que nuestra capacidad de consumo doméstico (Zinm, p.271).
Se aceptan finalmente las causas de las guerras tiempo después, cuando ya no hay peligro de que el proyecto se malogre o los causantes puedan ser acusados y procesados. Pero cuando suceden, prácticamente nadie le presta atención a ello, a estas causas reales, a las económicas, generando así en el futuro un nuevo ciclo de guerras con similares justificaciones y similares motivaciones. Definitivamente el ser humano no aprende ni de su propia historia. Por este motivo la anarquista y feminista Emma Goldman se lamentaba de cómo la misma izquierda contribuyó a otra guerra comercial encubierta en deber humanitario:
¡Cómo bullían de indignación nuestros corazones contra los malvados españoles! Pero cuando se hubo disipado el humo, enterraron a los muertos y pasaron la factura de la guerra a la gente con un aumento del precio de los productos y los alquileres -es decir, cuando se nos pasó la embriaguez de nuestra juerga patriótica- de repente caímos en la cuenta de que la causa de la guerra hispano-americana era el precio del azúcar... que las vidas, la sangre y el dinero del pueblo americano se usaron para proteger los intereses de los capitalistas americanos. (Howard Zinn. A People History of the United States. New York: Harper Collins Publication, 2003).  
Obviamente también había oposición a esta guerra, a la cual veían como un modo de ganar más dinero y poder por parte de los hombres ricos que dirigían el país, enviando a la lucha a los más desfavorecidos de la sociedad para que matasen a personas en favor y beneficio de aquellos que los enviaban. Un socialista escribía en el Voice of Labor de San Francisco:
Es terrible pensar que mandarán a los pobres trabajadores de este país a herir y matar a los pobres trabajadores españoles, solo porque unos pocos dirigentes les inciten a hacerlo (Zinn, p.272 ).
Pero la incesante campaña en los grandes medios de comunicación a favor de la  guerra con España dio su resultado. A diario se llenaban las páginas de los periódicos con imágenes y titulares impactantes, mostrando las supuestas atrocidades de los españoles y recordando el slogan “Recuerda el Maine, al infierno con España” (Sanders, 2002).
La guerra volvió a ser muy beneficicios para los dirigentes  estadounidenses, ya que no solo se hicieron con Cuba, sino que también les dejó en sus manos Puerto Rico, Guam y más tarde las Filipinas. El Caribe y el Pacífico se abrían por la fuerza militar al cartel empresarial norteamericano.
Que duda cabe que de esta “guerrita espléndida”, como la calificó el secretario de Estado John Hay, aprendió muchas cosas la élite estadounidense y de aquí en adelante no pararon de fomentar otras tantas y de extender su influencia. Las guerras resultaron ser muy provechosas para sus intereses egoístas. No tardaron las compañías estadounidenses de la minería, de la construcción, del ferrocarril y las azucareras y tabaqueras en ocupar la isla y hacerse con todo su  control. La United Fruit y la American Tobacco acapararon los mejores terrenos de cultivo y la Aceros Bethlehem los recursos mineros (Zinn, p.274).

PS: Texto de mi obra Justificando la guerra (2012).

jueves, 16 de noviembre de 2017

Invasión y matanzas en Filipinas, la política de los Estados Unidos

El rechazo a la violencia e injerencia de Estados Unidos en Filipinas continúa 

La anexión por la fuerza que iba a hacer EE.UU. sobre Filipinas mostraba los motivos reales de esta guerra, y de las  que se habían desarrollado y estaban por venir.
Presionado por el mundo de los negocios, que veían en estas islas del Pacífico  una base fundamental para extender su comercio por Asia y evitar así la crisis existente en el país, el Gobierno estadounidense comenzó a reconsiderar su posición. Pese a que los norteamericanos habían prometido que solo iban a ayudar a liberarles de los españoles, y que el propio presidente Mckinley declaró que la anexión: “…habría sido, de acuerdo a nuestro código moral, una agresión criminal”, procedieron a su ocupación. Se recurrió al típico argumento del Destino Manifiesto sobre la superioridad de la raza blanca y sus valores, la incapacidad de los locales para gobernarse y el destino divino de la misión. Los filipinos se opusieron al tratado de París con la compra de  EE.UU. a España de Filipinas por veinte millones de dólares.
Una vez comenzada la agresión, que los norteamericanos no reconocieron como tal, la barbarie ejercida contra  la población de Filipinas fue  brutal. Se estima que más de un millón de civiles fueron asesinados, más del 10 % de la población. Y la destrucción y quema  de aldeas, junto con la práctica de la tortura, fueron habituales.
El primer embajador de Filipinas en EE.UU., que tuvo que huir a Canadá para evitar ser arrestado, escribió una carta de llamamiento a la gente de América que invadía su país, titulada: Al pueblo americano, una súplica.
El Dios todopoderoso sabe lo injusta que es la guerra que las armas imperiales han causado y están manteniendo contra nuestro desafortunado país. Si los honestos patriotas americanos pudieran entender la triste verdad de esta declaración, estamos seguros que sin el menor retraso pararían este incalificable horrorNosotros los filipinos somos gente civilizada, progresista y amantes de la paz. 1
El embajador continuaba con su súplica, enfatizando en hacer ver que ellos no eran ningunos salvajes ni ignorantes que no  sabían ni podían gobernarse. Pero la fuerza de las armas y de la propaganda estadounidense  acallaron estas palabras tan sensatas. Así, el senador imperialista Albert Beveridge se expresaba en el Senado:
Sr. Presidente, estos tiempos requieren franqueza. Los filipinos son nuestros para siempre… y tan solo más allá de Filipinas están los ilimitados mercados de China. No nos retiremos de ninguno… No renunciaremos a nuestra parte en la misión de nuestra raza, administradora, Dios mediante, de la civilización del mundo… se nos ha acusado de crueldad en el modo en que hemos llevado la guerra. Senadores, ha sido al revés… Senadores, deben recordar que no estamos tratando con americanos o europeos. Estamos tratando con orientales. 2
Era el discurso de la raza superior y de la misión por cumplir, junto con el de los grandes negocios a desarrollar.
Sobre la negación de la crueldad de la invasión norteamericana comenta lo siguiente el corresponsal en Manila del Ledger de Filadelfia:
Nuestros hombres han sido implacables; han matado para exterminar hombres, mujeres, niños, prisioneros y cautivos, insurgentes activos y gente sospechosa, desde niños de diez años en adelante; predominaba la idea de que el filipino como tal era poco más que un perro. 3
El propio Mark Twain hablaba en tono irónico sobre la guerra:
Hemos apaciguado y enterrado a varios millares de isleños; hemos destruido sus campos, quemado sus aldeas y hemos dejado a sus viudas y huérfanos a la intemperie… y así, mediante estas providencias divinas –y la expresión es del Gobierno, no mía- somos una potencia mundial. 3
Tras estas invasiones estaba el interés en llegar a Asia. Y China representaba un lugar apetecible y accesible con un mercado enorme, donde EE.UU. comenzaba a controlar la situación.

Referencias-Notas:

1. Apacible. G.To the American people: an appeal. The United States and its Territories, 1870-1925. The Age of Imperialism.
2. Beveridge Albert J. In support of an American Empire. Record, 56 Cong., I Sess., pp. 704-712. 
3. Howard Zinn.  A People´s History of The United States. Chapter 12. New York: Harper Colllins Publications, 2003.

viernes, 3 de noviembre de 2017

La lengua como instrumento político

La RAE nos presenta una lengua demasiado politizada y bastante alejada del mundo

Es muy común en las sociedades humanas dar algo como cierto porque así lo cree o piensa una mayoría. De este modo, si hiciésemos una encuesta acerca de la edad de la Tierra en todo el planeta, no creo que nos sorprendiésemos de que el resultado más repetido fuese de unos miles de años, frente a los más de cuatro mil millones que realmente tiene. Una cosa es lo se cree socialmente y otra lo que es.
Con las lenguas, tan vitales y esenciales para crear información y comunicarnos, podíamos esperar en una especie tan presta al engaño y la manipulación una situación de tergiversación e instrumentalización de estas, como efectivamente ocurre.
Así, a los idiomas que los hablan mayor cantidad de personas se les da una mayor valía, se da por supuesto que son superiores a otros por el mero hecho de tener más  hablantes. Cuando la terca realidad nos dice que su estatus presente o pasado se debe a motivos de índole militar, económico o político, principalmente, no a factores lingüísticos. Si un grupo se imponía a otro, habitualmente en primer lugar de forma  bélica, también forzaba al vencido a adoptar su lenguaje, tratando de eliminar su habla o escritura para hacer más fácil su control y  evitar cualquier resistencia futura. Y aquí está el papel de todo propagandista del vencedor, hacer creer al dominante y al dominador de la necesidad y benevolencia de esta actitud, que si no provocó un genocidio, lleva a cabo,  o pretende hacerlo, un etnocidio; hechos estos últimos que se ocultarán o justificarán diciendo que era algo irremediable al no ser útil para quienes lo hablaban, sustituyéndolo por uno supuestamente mejor. Lo podemos ver en el siguiente caso a cargo del filósofo español Aurelio Arteta, que ofrece un alarmante desconocimiento, interesado, de la lingüística y de la historia.
No es cierto que alguien o algo en particular ha sido el culpable de que el euskera sea hoy entre nosotros lengua menor o minoritaria. Con ser cosa probada su represión franquista en escuelas y cuarteles, esa acometida no explica ni mucho menos la pérdida de un idioma de nítido perfil rural y sin apenas soporte escrito. 1
Como ya comenté en un artículo anterior, Supremacismo de un nacionalismo español mal entendido, sí que hay culpables de que el vasco sea minoritario en su país, las políticas borbónicas del siglo XVIII que vinieron de la Corona de España supusieron una planificación de uniformidad lingüística deliberada, obligando a enseñar el castellano en las escuelas y,  por supuesto, no el euskera, cuyo uso fue duramente castigado. El dominio político deriva en todos los aspectos de la vida social, tanto en Navarra como en Cataluña y en otros lugares,  y, claro, se aplicó este poder para someter al país, castellanizándolo.
Porque en Navarra se abla Basquence en la maior parte. Y van a governar Ministros Castellanos. En Nápoles havía Ministros y Governadores españoles, y se abla un Italiano corrompido, y así de otras. 2
Que un idioma se escriba o no, no lo hace mejor ni superior. Todas las lenguas siguen un desarrollo similar, sirviendo a la entendimiento y la comunicación humana. Si ya admitimos que no hay razas superiores, sería una incongruencia caer en la discriminación lingüística. Todas son ricas y elaboradas para comprender y abarcar la compleja y sofisticada vida de homínidos como nosotros,  y quienes minusvaloren a algunas demuestran que no la dominan bien, y sobre todo hacen ver sus prejuicios. En esto, como en tantas cosas, se desprecia lo que se ignora.
Una lengua escrita, como una gramática, es una elaboración artificial de lo que realmente se habla. No olvidemos que lo hablado es lo que determina lo escrito y no al revés, como siempre fue. Nuestra especie llevaba milenios utilizando el lenguaje antes de representarlo físicamente mediante códigos que interpretaban lo que se decía.
Ahora, cuando el euskera recupera hablantes y notoriedad social, debido a la concienciación de los vascos de lo esencial que es preservar su cultura y forma de ser, que se ha traducido en tener estos instituciones políticas ya bajo su control, como ocurre actualmente con el Gobierno de Navarra, quienes quieren  parar este avance buscan nuevos y contradictorios argumentos.
Oímos que la lengua vasca que se enseña en ikastolas y escuelas públicas no es como la de antes, que es un idioma artificial, que fue creado porque no había uno unitario, sino varias lenguas habladas en diferentes regiones como: el vizcaíno, el guipuzcoano, el alto navarro, con sus variantes, el bajo navarro, el suletino (de Zuberoa) o el labortano, con sus dialectos. Bien, es discusión para lingüistas. Pero de lo que no es consciente quien sale con esta historia a fin de arremeter con un proceso de normalización del euskera es que con cualquier idioma ocurre lo mismo. El español, por ejemplo, es en realidad una familia de lenguas, compuesto por al menos 58 variedades lingüísticas, el inglés lo componen como mínimo 80. Como bien apunta J. C. Moreno Cabrera, el concepto de unitariedad es político y cultural, no lingüístico. Cada una de esas variedades es una lengua, porque quienes las emplean se entienden perfectamente y llevan a cabo, como todo hombre o mujer, vidas plenas y complejas.  Quienes no lo ven así, no es por fundamentos académicos, sino por influencias ideológicas o intereses políticos y económicos.
El nacionalismo lingüístico profesado por muchos lingüistas les impide aplicar los criterios que usan para tratar determinadas lenguas a la lengua nacional propia... 3
Es lo que les comentaba sobre el vasco y el español, querer ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Cómo no, el español de la Real Academia Española es también artificial y está basado en la variedad castellana, por tanto, tiene una característica étnica que no ha perdido, que mantiene, pese a la diversidad que se encuentra en el español en general, al que no puede controlar como pretende, especialmente en América. Ese idioma de la RAE no tiene más de 400 millones de hablantes, como presume.
Si examináramos a esos cuatrocientos millones de personas para ver si son capaces de articular un discurso escrito y oral que se atenga con la mayor fidelidad posible a las normas gamaticales, ortográficas y léxicas dictadas o aconsejadas por la Real Academia Española y por sus sucursales hispanoamericanas, seguramente obtendríamos unos resultados descorazonadores. Es razonable pensar que, siendo optimistas, una persona de cada cien podría aprobar ese examen (teniendo en cuenta que muchos millones de hispanohablantes apenas saben escribir).  Es decir, si esta estimación es razonable,  entonces, de los cuatrocientos milones de personas solo unos cuatro millones hablarían (y escribirían) en esa lengua estándar y solo ocasionalmente, en determinadas situaciones formales. 3
El euskera estándar, el batua, el español estándar u otro cualquiera estándar es algo útil cuando tratas de llevar a cabo una enseñanza más o menos común de un idioma,  pero teniendo presente que la realidad externa es diferente y más variopinta. Lo estándar es un caso particular de las variedades lingüísticas, donde se elige, por motivos fundamentalmente políticos, una de ellas y se dice, presuntuosamente, que esa es la correcta; cuando la realidad es que correctas son todas, ya que todas contribuyen al fin por el que existen, el entendimiento humano.
La actitud prepotente y de desprecio del nacionalismo lingüístico español ante otras lenguas con menos privilegios y poder que él, torna en victimismo y defensa de la pluralidad cuando topa con un rival mayor, lo vemos en su actitud con el omnipresente inglés. Aquí la hipocresía es absoluta y queda bien retratada.
Lo malo de muchos intelectuales e incluso de algún lingüista es que hacen una utilización política de instrumentos tan ricos y esenciales como los idiomas y las ciencias que los estudian
Una cosa que debería quedar clara desde el principio y que los lingüistas deberían respetar escrupulosamente es que los conceptos o instrumentos conceptuales que han sido creados por ellos específicamente para describir todos estos aspectos puramente lingüísticos de las lenguas humanas, no deberían ser utilizados para dar respetabilidad científica y carácter objetivo a análisis que implican aspectos no estrictamente lingüísticos y que intentan apoyar o justificar una determinada opción ideológica. 3

Referencias-Notas:
1. Aurelio Arteta. El engaño de la lengua minorizada. Diario de Noticias. 8.05.1997.
2. Cita en el prólogo a la obra de José María Jimeno Jurío. Navarra, Gipuzkoa y el Euskera. Pamiela, 1998.
3. Juan Carlos Moreno Cabrera. El nacionalismo lingüístico. Península, 2014, pp. 144-174.